No he escrito en meses porque aun no logro la estabilidad Zen, ese que se yo que hace que te pueda ir bien en la U, tener novia, una vida, amigos, y escribir en un blog sobre cualquier cosa periódicamente. Cuesta llevar las cosas a un orden en que todo funcione como reloj.
Asi, no me extraña que ya no pase nadie por acá. Ni el viejo HighToro, ni Medel, ni ninguno de los contertulios regulares de este blog. Pero bueno, la vida me ha sonreido en el último año. Tengo novia hace casi un año, he bajado 80 kilos desde la intervención, trabajo para la Universidad (aunque todavia no pagan), etc. No se preocupe, amigo lector, no lo aburriré con detalles nimios sobre mi vida, que me los puede preguntar tranquilamente con café en mano, y pelotas en la otra.
A lo que vine, entonces. Hoy tuve una de esas experiencias que el común de los mortales no tiene, que es
presenciar una autopsia. No fue una disección de conejo, sino un muerto homo sapiens de verdad, con color de muerto, pinta de muerto, olor de muerto... ya m'entiende, eh? Asi de pura suerte, hoy en mi cátedra de Derecho Penal supe de una visita al Servicio Médico Legal (la morgue local), con autopsia y clase
all-inclusive. Y como lo mio, hasta el momento va por el Derecho Criminal, me apunté de inmediato.
Pensaba que como para algunas cosas soy un cobarde reconocido (asi como que me asusto fácilmente con el Exorcista, o cuanta basura hollywoodense de terror haya... que decir de las historias de huaso de campo) y con pelotas para afirmarlo públicamente, no iba a ser culo para aguantar la autopsia, y vomitar y/o desmayarme en medio del auditorio. Para bien mio y de la perturbada audiencia de esta tarde, no pasó nada de eso.
El lugar: una congelada sala del Médico Legal, donde se respiraba el olor a formalina y a hospital. Nada del otro mundo, muy parecido a una sala de clases de la Facultad de Derecho de la Chile (sin animos de ofender, ah?).
El occiso: un hombre de 40 años, muerto por un golpe en la cabeza producto de una caida, probablemente en una riña callejera (por los signos en la cabeza, en las manos y antebrazos). Donador de organos, asi que venia más cosido que botón de oro. Le habían retirado los huesos para donación, asi que las piernas se le veian como a monito de peluche, laxas totales. Con un cuchillo de carnicero le hicieron unos cortes por la nuca, para sacarle la piel, dejar el cráneo expuesto y poder sacar el cerebro. La sangre corria por todos lados, le sacaron literalmente la cara, y el ayudante sacó la sierra circular y procedió a abrir el cráneo para sacar el cerebro. Una escena fuerte por lo demás, pero al dejar de ver la cara, se acabó todo el estupor de mi parte. De lo técnico no creo poder hablar, por mi falta de conocimientos de anatomía, pero había mucha sangre, el cráneo con trizaduras, etc. Luego abrieron el tórax y retiraron las costillas. Era ver a un carnicero faenar un costillar. Sacaron órganos, revisaron, tomaron notas, cerraron y dejaron al fallecido como nuevo.
Igual siento un poco de culpa al describir la autopsia de esta manera, porque (valga la obviedad) el muerto fue una persona antes, con todo el respeto que merece. Sin embargo, presenciar esto me permitió comprender como es que funciona el sistema penal en el pais, desde la comisión del delito, hasta la condena del acusado. Una experiencia muy educativa, pero no tan recomendable como yo quisiera, ya que hubieron varios que o abandonaron la sala, o se desmayaron de lo fuerte que es la autopsia en si. Por mi parte, fue valioso, pero dudo que lo vuelva a hacer de nuevo.
Sería por hoy. Espero volver a escribir alguna estupidez en el corto plazo.
Cambio y fuera.